Educar con las emociones: una materia pendiente

Written by on 01/07/2020

Educar para sentir, sentir para vivir.

La crisis en la educación pública, antes que la pandemia, es una crisis de calidad, de selección y de recursos. Ni hablar del desprestigio del rol del profesor/a en algunas zonas del país, a pesar de sus esfuerzos por adaptarse a las nuevas formas del sistema, en ocasiones sin las capacitaciones requeridas y las herramientas emocionales para gestionarse a sí mismos o la cantidad de clases perdidas en los últimos años lectivos y ahora la responsabilidad de educar desde casa a cada menor de edad.

El mundo cada día es más demandante por la innovación y la tecnología, los seres humanos cada vez más capacitados en sus competencias técnicas a nivel profesional, las nuevas generaciones aprenden con mayor facilidad el uso de herramientas tecnológicas, pero, paradójicamente, se vuelven más ignorantes emocionalmente al tener la mayor parte de su tiempo la mirada y el afecto depositado en las pantallas táctiles, que con las conexiones humanas a su alrededor o con ellos mismos.

La educación se suplanta por dispositivos que anulan la interacción con el otro, sus amistades de juego y a la vez las pantallas son “un distractor de la educación vivencial” ya que, si no están estudiando con ellas, para los padres y madres las pantallas se convierten en tener una niñera las 24 horas del día. Se despreocupan porque sus hijos/as están entretenidos, pero se olvidan de que de esa manera se pierden en su búsqueda de la creatividad y expresión emocional, muchos menores tienen mayor facilidad de expresar lo que sienten por medio de mensajes que en palabras verbales.

 Esta terrible disociación puede generar angustia y desesperanza, sobre todo con la incertidumbre que genera la nueva normalidad, donde una nueva forma de vida se impone para la mayoría de personas que hacen clases virtuales, teletrabajo o reuniones amigables por zoom.

Durante los últimos treinta años evolucionan las demandas que las empresas y el mundo laboral tienen de sus trabajadores. Los empleadores buscan personas empáticas, solidarias, sensibles, sin prejuicios, que sepan trabajar en equipo y resolver conflictos. Pero ¿de dónde sale esta gente si la educación que estamos dándoles a nuestros peques no incorpora la estimulación de ninguna de las llamadas “habilidades blandas”?

Muchos de los problemas que vivimos en la sociedad dependen de una serie de carencias en inteligencia emocional para comunicarnos, aceptarnos, negociar, respetar y dar valor a nuestras relaciones humanas. Para lograr esto deberíamos estar dispuestos a permitirnos experimentar y estar en contacto con lo que sentimos, educar para sentir es el único camino posible para formar a los seres humanos que el futuro necesita, educar para sentir, sentir para vivir.

Pero la realidad es que como mecanismo de defensa y como parte de una educación analfabeta emocional en la sociedad, las emociones se van bloqueando tanto en la familia como en la escuela, la educación superior y el propio entorno laboral. Existe una sobrevaloración de lo cognitivo que ha ido en desmedro de la valoración de lo emocional. Por tratar de formar gente que habla inglés nos olvidamos de formar buenas personas. La expresión de las emociones es clave en el desarrollo de cualquier ser humano que vaya a desempeñarse en el mundo de hoy y del futuro, la cuarentena es una gran oportunidad para desarrollar hábitos de valores y afectos en la familia, pero sigo escuchando en terapia que las familias, hoy más cerca que nunca, siguen comiendo frente de sus pantallas y no comentando sobre cada uno como parte de la actividad familiar. La escuela va a ser el segundo hogar cuando la familia vuelva a ser la primera escuela.

Cuando las emociones no se expresan en forma sana y oportuna, la angustia tiende a expresarse como una manifestación de algo que está trabado. Para la experta, resulta difícil pensar que existiendo tantos problemas en la expresión de las emociones, el desarrollo de las habilidades que los seres humanos debemos aprender para activar nuestras competencias personales se produzca de forma fluida y fácil. La rabia se expresa de manera diferente según los géneros. “Cuando lo masculino – explicó-, que no es lo mismo que los hombres, expresa la rabia, socialmente lo reforzamos como un signo de masculinidad y de carácter o personalidad; en cambio, cuando lo expresa lo femenino, se asume como una especie de alteración neurótica”.

En una sociedad en constante evolución las estadísticas son alarmantes: la soledad, la baja autoestima, y la adicción a los celulares son una llamada de atención para cada padre y madre, educador y responsable de las generaciones futuras, pero muchas veces comenten el error de estar más preocupados de agradar y comprar lo mejor para sus hijos/as, que aprender a poner autoridad donde aplicar reglas claras, con límites amorosos, autoestima, determinación y confianza para ganarse las cosas y resolver problemas de la vida cotidiana. La familia debería proponerse como objetivo desarrollar la generosidad, la bondad, la paciencia, la tolerancia y el esfuerzo en sus hijos.

Para educar primero hay que desarrollar conciencia educativa, es decir, entender que se está formando un ser humano que necesita consolidar ciertas conductas que lo lleven a ser buena persona. Para eso, los modelos comienzan en los hogares: es necesario expresar emociones en la casa, hablar con los niños acerca de las cosas que les provocan pena, rabia y alegría. Es fundamental generar el hábito de la conversación en el ámbito de la familia.

Tarea en Casa.

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