‘CRHoy’, el “periodismo gratis” y el declive de ‘La Nación’

Written by on 21/08/2020

Captura de pantalla del anuncio de ‘CRHoy’ contra las suscripciones digitales

Hace un par de semanas, causó cierto malestar en algunos periodistas y lectores una publicidad de CRHoy, que dice: “La información veraz e inmediata es un derecho. ¡No pague por ella!”. Me pregunto qué habría pasado si el anuncio fuera de otro medio de comunicación, con una línea editorial distinta —y ojalá menos opaco— que CRHoy, porque en el microcosmos de otros periódicos que sí cobran por suscripciones digitales, como La Nación, la sugerencia de que no vale la pena pagar por las noticias se tomó casi como un insulto personal.

¿Es la información un derecho? Existe el derecho a acceder a la información, del que hacen uso los medios, pero no necesariamente tenemos el derecho a la información “inmediata” del que habla CRHoy. ¿Significa esto que tenemos derecho al “periodismo gratis”? No, y ese es un dilema existencial que afronta el periodismo desde su génesis: necesita recursos e independencia, y muchas veces esto es incompatible, en parte porque operan en la misma economía de mercado que justifica la publicidad agresiva que anima a no consumir los productos de los competidores.

¿Es necesariamente el “periodismo gratis” sinónimo de mala calidad periodística o, en su defecto, pagar por la información garantiza su veracidad? Primero, en lugar de “periodismo gratis” estamos hablando de medios de libre acceso, que de alguna forma deben dotarse de recursos para operar; es decir, no es gratis. Y tampoco podría afirmarse con total convicción que las suscripciones compran veracidad, como sugieren algunos defensores de este modelo de negocio y algunos profesionales molestos por el anuncio de CRHoy.

The New York Times tiene casi 6 millones de suscriptores digitales, y su credibilidad está en cuestión constantemente, no solo por Donald Trump. La naturaleza misma de los medios y el creciente clima de ruptura social de la contemporaneidad hace imposible que exista un periódico en el que todos creen, pero tanto el Times en Estados Unidos como La Nación en Costa Rica son cabeceras hegemónicas que han aspirado a la mayor credibilidad posible en los países en los que ejercen influencia, sin ser necesariamente los más consumidos.

La Nación dejó hace años de ser el periódico de mayor circulación y ahora lo es La Teja, que pertenece al mismo grupo. La corporación mediática ha intentado hacer frente a la aparatosa caída del gasto publicitario en los últimos años —una sangría constante de recursos que se remonta a la irrupción de las plataformas digitales y ahora se acentúa con la crisis de Covid-19— aventurándose en una serie de negocios extraperiodísticos como los recintos de espectáculos y la venta de entradas y cupones en internet.

En ese sentido, y para intentar mantener a flote La Nación, se lanzó hace cinco años la suscripción digital del periódico, que según fuentes extraoficiales en su momento alcanzó 5.000 clientes en los primeros seis meses. La ambición era mucha y el afán de curar la agonía del papel con las suscripciones digitales informó todo el proceso de transición hacia una nacion.com que, un lustro después, está llena de candados. Pero, ¿vale la pena? Juzguen ustedes: la empresa informó este pasado mes de junio de que ya casi había alcanzado los 16.000 suscriptores.

El informe a los accionistas de Grupo Nación correspondiente al ejercicio 2018-2019, que acabó en septiembre del año pasado, sugiere que la apuesta por la suscripción digital no está ayudando a la empresa a levantar cabeza. La corporación perdió 3.186 millones de colones y su facturación por publicidad cayó en más de 6.000 millones, cerrando el año en menos de 10.500 millones. Para poner las cifras en perspectiva, hace unos años la compañía todavía ingresaba más de 40.000 millones de colones por concepto de publicidad.

Según las cuentas del periodo fiscal 2018-2019, los ingresos de Grupo Nación por sus medios digitales fueron de 965 millones de colones, 150 millones menos que el año anterior. Esto es más de diez veces menos que la citada facturación por publicidad y más de ocho veces menos que el dinero que recibe el grupo por la venta de prensa en papel. Incluso gana más La Nación en eventos y servicios de impresión que con sus medios digitales, que suponen apenas un 3,6% de sus ingresos totales.

Entonces, cuando La Nación afirma que, “para que el periodismo que hacemos exista, tiene que haber gente como usted que lo apoye”, ¿está mintiendo al igual que CRHoy cuando nos induce a creer en la existencia del “periodismo gratis”? Sí. Se necesita mucho más que “gente como usted” para que la corporación se mantenga a flote. No convierte esto en mejor o peor a uno u otro medio, pero sí genera muchas dudas sobre la supervivencia de la variada oferta de medios que hay actualmente en el país (y en el mundo, desde luego).

Como otro ejemplo para entender el desafío ante el que estamos, La Nación celebró en su último informe financiero haber alcanzado ya 3.000 suscriptores de su servicio de noticias por audio de WhatsApp. Sin afán de restarle méritos al logro, estamos hablando de un periódico que llegó a tener una circulación de más 100.000 ejemplares diarios, que a su vez eran leídos por más de una persona casi siempre.

Pero por lo menos nacion.com tiene buen tráfico, ¿no? En 2015 era uno de los tres sitios costarricenses más populares, pero esta es la lista de medios digitales más visitados de Costa Rica a agosto de 2020, según datos de Alexa:

  1. CRHoy (2)
  2. Repretel (5)
  3. Delfino (11)
  4. El Observador (16)
  5. Teletica (22)
  6. El Mundo (23)
  7. La Nación (25)
  8. La República (43)
  9. Pulzo (44)
  10. El Guardian (49)

(Entre paréntesis, los puestos en la tabla general, en la que compiten con páginas de todo el mundo).

Según documentación elaborada por ambas compañías, CRHoy tenía en julio de 2020 un promedio de 42 millones de páginas vistas al mes, mientras que La Nación tenía en septiembre de 2019 —antes de la pandemia— casi 15 millones de páginas vistas al mes.

¿Y por qué importa el tráfico? Porque es un indicador que afecta el precio que las páginas pueden cobrar por publicidad, que a su vez es un recurso fundamental para la mayoría de los medios. Lamentablemente, el periodismo no existe al margen del capitalismo. Ni siquiera el más independiente de los medios de comunicación es paracapitalista, porque tal cosa no existe. Así que cualquier valoración ética que eluda esta realidad peca de inocente, máxime si se trata de un gremio que debe su supervivencia al moralmente flexible negocio de la publicidad.

Lo cierto es que CRHoy y Grupo Nación están desde hace varios años metidos en una guerra por el dominio de la prensa digital, un campo que está lejos de ser el fuerte de La Nación y en el que CRHoy se mueve con total solvencia desde sus inicios, por las razones que sean. Así las cosas, el que alguna vez fue el periódico más importante de Costa Rica no consigue levantar cabeza ante el paulatino fin del oligopolio mediático en el país, en un escenario en el que CRHoy es el principal desafío pero no el único.

Manuel Jiménez, presidente de la junta directiva de Grupo Nación, explicó en el último informe financiero que los resultados negativos del año pasado “nos recuerdan la importancia de abordar los retos con soluciones creativas”. En general, la empresa explicó a sus accionistas que seguirá sumando esfuerzos en el campo digital para ganar músculo ante una hecatombe financiera que precede la pandemia, que por su parte ha tenido efectos económicos que ya han servido a Grupo Nación para justificar el despido del 20% de sus trabajadores el pasado mes de junio.

“La crisis nos reafirma en la convicción de que el futuro está en las suscripciones digitales”, decía la empresa en el editorial del 29 de junio en el que explicó los despidos, un texto en el que aseguraba que “el crecimiento de las suscripciones digitales no ha cesado siquiera en estos difíciles meses”. Pero, viendo sus datos, es evidente que la hegemonía que aspira mantener La Nación en el paupérrimo sector de los medios de comunicación en Costa Rica está bajo amenaza, y su mayor problema no es que CRHoy invite a no pagar por información ni que sugiera que el periodismo puede ser gratuito.

Su problema es que la anterior lista de datos de Alexa es un recordatorio constante de que el papel de La Nación en la sociedad costarricense está cada vez más diluido y que sus apuestas empresariales y editoriales no han sido lo suficientemente atractivas como para captar al público del que alguna vez gozó, ni mucho menos para apelar a las nuevas generaciones. Más allá de las valoraciones cualitativas sobre el trabajo informativo de CRHoy versus el de La Nación, el dilema no está entre noticias gratuitas o de pago, sino en cómo retener al público y asegurarse independencia.

Los ciudadanos ya no le ponen atención a dos o tres medios de toda la vida, sino que están frecuentando cada vez más otros portales de información, todos con sus debidas particularidades, virtudes y defectos (según quién mire). Y digo yo que por algo será. De pronto tiene que ver con que los directivos de medios como La Nación todavía hace tan solo cinco años tenían como regla ignorar la existencia de CRHoy y hacerse de la vista gorda ante ese elefante en la habitación que desde entonces ejercía presión y les obligaba a exigirse más.

Lo sé porque trabajé entre 2012 y 2017* en La Nación y el día que CRHoy publicó una información negativa sobre Grupo Nación nos explicaron que iban a romper su particular regla del silencio para aclarar la polémica del momento, que involucraba una supuesta trama para eludir una millonaria deuda con el Ministerio de Hacienda que finalmente acabó en conciliación. Una anécdota que, a mi juicio, ilustra la desconexión total con la realidad que caracteriza a los máximos responsables de los medios de comunicación, a quienes no suele achacarse la crisis del periodismo.

Conviene anotar que CRHoy tampoco es ajeno a supuestas tramas. Y que esta no es una guerra entre medios, sino entre poderosos empresarios, pese a que la batalla en la calle la den los periodistas. Que nadie olvide ni hoy ni mañana que la familia Jiménez, principal accionista de Grupo Nación, está notablemente vinculada a Florida Ice & Farm Company, la matriz de Cervecería de Costa Rica. Ni tampoco puede pasarse por alto en ningún momento que CRHoy está controlado por Leonel Baruch, que también se desempeña como presidente del Banco BCT y ejerció como cargo público en dos gobiernos del PUSC.

Además, la falta de transparencia de CRHoy es verdaderamente preocupante. Los ciudadanos sabemos los nombres de su junta directiva, en la que hay sendos vínculos familiares y empresariales que involucran a bancos, partidos políticos, compañías multinacionales y hasta al antiguo embajador de Costa Rica en China. Pero no tenemos forma de saber cuánto gana CRHoy, el coste de sus operaciones o el origen de sus recursos. De hecho, uno de los grandes enigmas en torno a la publicación es que tiene ninguno o muy pocos anuncios comerciales, a pesar de que su catálogo de formatos y precios sugiere que sí vende publicidad.

Grupo Nación no hace públicos sus estados financieros por transparencia o filantropía, sino porque está obligado a hacerlo al cotizar en la Bolsa Nacional de Valores. Si nos damos una licencia poética, podemos decir que la opacidad de CRHoy empata con la insistencia de La Nación por blindarse con un muro de pago que produce un promedio de 3.200 suscriptores al año, una cifra que no sugiere una amplia popularidad.

Y mientras los trabajadores de ambas compañías discuten por el “periodismo gratis”, muchos nos preguntamos si alguno de los dos medios realmente ofrece el periodismo que el país merece. Ya decidiremos si pagamos o no.

*: Hice un pacto conmigo mismo hace unos años, cuando decidí renunciar a La Nación, para evitar a toda costa convertirme en el típico experiodista de la casa que, nada más salir de la redacción, expulsa todos los reproches que se calló cuando estaba en nómina. Muchos colegas fueron abiertamente críticos del periódico mientras trabajaban ahí, pero otros que se rasgan las vestiduras solían tragarse las palabras cuando tenían que tratar con los superiores. Personalmente, estaré siempre agradecido por la experiencia adquirida durante mi paso por La Nación, y como lector y periodista seguiré expresando lo que considere oportuno, desde el respeto y con aspiraciones a alimentar la continuidad de debates que estimo relevantes.


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