Diván

Cuando estamos tristes, un abrazo suele funcionar como un buen analgésico. El oso de peluche o la almohada que te han acompañado en esas noches de llanto por el desamor, te ayudan a sobrellevar el trago amargo porque el cerebro está programado para responder positivamente a los estímulos táctiles cuando nos encontramos heridos.

La escuela va a ser el segundo hogar cuando la familia vuelva a ser la primera escuela.

Desde el psicoanálisis el deseo es ese motor inconsciente que nos empuja a trascender o nos mueve a la regresión

Las heridas después de los reportajes

¿Has tenido una Crisis de angustia?

Sin miedo a quedarte sola durante cuarentena


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